El Castle Hotel, ubicado en el centro de Dublín, ofrece la elegancia georgiana a solo dos minutos a pie de O'Connell Street y muy cerca de Temple Bar, combinando el encanto histórico con comodidades modernas. Se distingue por estar situado en un edificio georgiano original que conserva detalles de época junto a confort contemporáneo.
Las habitaciones del Castle Hotel están diseñadas individualmente, cada una con baño privado equipado con ducha o bañera, Wi-Fi gratuito, secadores de pelo, televisores de pantalla plana, instalaciones para preparar té y café, teléfonos directos y equipo para planchar. Entre las opciones se incluyen habitaciones familiares que alojan hasta cinco personas y cunas disponibles bajo petición. La calefacción garantiza comodidad durante todo el año.
Los huéspedes pueden disfrutar del restaurante y bar The Castle Vaults situado bajo techos abovedados que formaban parte antiguas bodegas del siglo XVIII, allí se sirve cocina moderna acompañada de música tradicional irlandesa en vivo los fines de semana. El restaurante The Old Music Shop ofrece vistas a la iglesia neogótica Findlater’s y prepara pizzas, pastas, ensaladas y sándwiches gourmet además de menús previos al teatro para comidas durante todo el día. Una terraza exterior y una solárium brindan espacios adicionales para relajarse.
Las instalaciones incluyen Wi-Fi gratuito en todo el hotel incluyendo las zonas comunes donde hay juegos de mesa y rompecabezas disponibles. Un mostrador de recepción ayuda a los huéspedes mientras que hay aparcamiento privado seguro dentro del recinto así como estacionamiento adicional en la calle cercana. Se ofrecen servicios de niñera junto con opciones de pago sin efectivo. La accesibilidad está garantizada mediante ascensor que conecta los pisos superiores.
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El desayuno ofrecía una gran variedad de opciones y el personal era amable y siempre dispuesto a ayudar. Las habitaciones eran cómodas, limpias y decoradas con mucho encanto, creando un ambiente acogedor. En la planta baja había un bar excelente donde se podían disfrutar pintas de Guinness a buen precio junto con música en vivo. La ubicación facilitaba el acceso al centro de la ciudad y al transporte público. Además, dentro del edificio había una tienda de té que aportaba un toque especial a la estancia.